En las últimas semanas se han viralizado imágenes de “solidaridad” con Cuba, y estas han sido a su vez amplificadas por varios medios, actores e intereses. Sin embargo, esa ayuda no es neutral: al contrario, llega marcada por intereses políticos y en un contexto donde el propio régimen controla su distribución.
Estas escenas, especialmente vinculadas al convoy Nuestra América (iniciativa internacional promovida como supuesto apoyo humanitario para la isla) y a organizaciones como The People’s Forum o CodePink, intentan proyectar una versión de los hechos que cada vez contrasta más con lo que realmente ocurre dentro de Cuba. Son momentos visibles y mediáticos, pero temporales. Y es que, en momentos de represión y censura, estas organizaciones han evitado pronunciarse, mientras mantienen afinidades con gobiernos de corte autoritario.
Pero la realidad que permanece es otra. Desde hace años, y con mayor intensidad reciente, los cubanos han salido a protestar por los apagones, la escasez y las condiciones precarias en las que viven, enfrentando represión y silencio. A los cubanos les falta la luz, la comida, la gasolina y las medicinas, pero no las ganas de protestar
Ese contraste es el punto de partida para entender qué hay realmente detrás de estas “iniciativas solidarias”.
La protesta en Cuba no es algo nuevo
La protesta en Cuba no es un fenómeno nuevo, pero en marzo de 2026 alcanzó un nivel de intensidad y continuidad especialmente significativo. Solo hasta el 17 de marzo, la organización Cubalex había registrado 156 protestas en 11 días consecutivos, una cifra que supera ampliamente las 68 registradas durante todo el mes de febrero.
Este repunte no fue solo en las calles, también ocurrió en redes sociales. El 7 de marzo, la etiqueta #AbajoElComunismo marcó uno de los primeros picos de la conversación de protesta, impulsada principalmente por la diáspora para denunciar la crisis y exigir un cambio de sistema. Días después, el 12 del mismo mes, #PresosDeCASTRO volvió a posicionar el reclamo ciudadano en las tendencias de X, centrando el debate en la liberación de presos políticos. En paralelo, el régimen mantenía mensajes de propaganda muy alejados de la realidad, pero la voz ciudadana lograba dominar el debate digital.
@_annabensi NO ME VOY A CALLAR .#abajoelcomunismo #AbajoLaDictadura
Esta hermana está dando una pelea sin miedo, igualmente muchos cristianos evangélicos de nuestro país .
Dios les guarde y bendiga pic.twitter.com/Bv4T9NLqma— ASERE YA (@AsereYaPing) March 12, 2026
El 14 de marzo se registró uno de los momentos de mayor visibilidad, con 613 menciones asociadas a la protesta frente a 116 del discurso oficial. Un día después, el 15, el agravamiento de los apagones provocó un estallido social en Morón que marcó un punto de inflexión, amplificando tanto la magnitud de las manifestaciones como su eco digital. A partir de entonces, la etiqueta #AbajoLaDictaduraCastroCanel se convirtió en eje central articulador de denuncias sobre represión y de la visibilización de protestas en distintos puntos del país.

Las narrativas asociadas a la sociedad civil, agrupadas en torno a términos vinculados a una “crisis estructural”, superaron las 8.500 menciones, impulsadas principalmente por etiquetas como #SOSCuba (5.014 en total) que concentró 1.984 en Facebook (39,5%) y 1.610 en Instagram (32,1%), y #CubaEstadoFallido (3.092 menciones en total) que alcanzó 1.539 en Facebook, equivalentes al 49,7% de su total: evidenciando el peso de las plataformas digitales (Meta, principalmente) en la amplificación del descontento social.
Lejos de responder a demandas aisladas, la protesta se articuló bajo una lógica de colapso sistémico: apagones, hambre y deterioro de servicios básicos comenzaron a integrarse en un mismo relato de agotamiento del modelo. Este período estuvo marcado además por la documentación constante de persecución estatal frente a las manifestaciones, así como por la exposición de fallas estructurales y desigualdades en la asignación de recursos.
A pesar de la represión, el control informativo y las limitaciones cotidianas, la protesta se mantuvo activa en la isla y en el entorno digital, reforzando su carácter orgánico y sostenido.
La propaganda tomó fuerza con llegada del Convoy
La conversación sociopolítica de Cuba en redes sociales en marzo mostró un choque entre dos realidades: por un lado el colapso eléctrico, la escasez y las protestas ciudadanas; y por el otro, el intento estatal de opacar este descontento mediante una narrativa centrada en la solidaridad internacional, resistencia y narrativas histórcias en contra de EE. UU..
El bloque de narrativas oficialistas alcanzó un volumen cercano a las 5.400 menciones, impulsado principalmente por los términos “Convoy Nuestra América” con 2.581 y la etiqueta #CubaNoEstáSola con 2.511. Gran parte de esta conversación se centró en X con más del 50%, a diferencia del contenido sobre las protestas y el rechazo al sistema que estuvo más concentrado en Facebook e Instagram.
Aunque la protesta en redes nunca se detuvo, a partir del 18 de marzo, la maquinaria oficialista logró revertir la dinámica previa y tomar el control de la conversación digital hasta el 26 de marzo. El 21 de marzo fue el día de mayor actividad estatal con 1.281 menciones, muy por encima de las 473 registradas por la protesta en esa misma jornada, gracias a una campaña intensiva de propaganda articulada en torno al Convoy Nuestra América y la llegada de ayuda internacional.

Eventos públicos, actos institucionales y cobertura mediática desde instituciones y voceros gubernamentales amplificaron la idea de “respaldo global”, mientras se intentaba desplazar el foco del descontento interno. La narrativa de “solidaridad internacional” se consolidó como el principal escudo discursivo del régimen, acumulando más de 5.700 menciones que fueron reforzadas con contenidos sobre envíos de ayuda humanitaria, pronunciamientos políticos y campañas internacionales contra el embargo de Estados Unidos al régimen cubano.
Les comparto el enlace del cálido y emotivo encuentro que sostuvimos con una representación del #ConvoyNuestraAmérica, en el Palacio de Convenciones de La Habana. La solidaridad no puede ser bloqueada.#CubaNoEstáSola
📎| https://t.co/h9iJnxwsRu pic.twitter.com/kDiArnexlU
— Miguel Díaz-Canel Bermúdez (@DiazCanelB) March 25, 2026
Detrás de esta estrategia de propaganda convergen actores gubernamentales como Miguel Díaz-Canel, Manuel Marrero Cruz y Fernando González; pasando por rostros de la izquierda internacional como Pablo Iglesias, Jeremy Corbyn, Marc Botenga y Neville Roy Singham, incluyendo también organismos y redes como ICAP, FECODE, The People’s Forum y Code Pink (señalada por promover narrativas alineadas con gobiernos autoritario).
En este despliegue, la propaganda no se articuló únicamente desde vocerías oficiales, sino a través de una red ampliada que estandariza mensajes, etiquetas y narrativas.
A las consignas del régimen como #CubaNoEstáSola y #CubaEsCultura se le suman etiquetas y mensajes idénticos en otros idiomas, como #CubaIsNotAlone (al menos 287 menciones). El caso más evidente de mensajes idénticos repetidos es la consigna en italiano “Partiremo per Cuba in una missione politico-umanitaria…”, replicada al menos 15 veces por 14 cuentas distintas sin variaciones sustantivas, lo que evidencia dinámicas de coordinación transnacional del relato en torno al convoy.
A su vez, destacan actores no estatales, especialmente espacios culturales, medios comunitarios y plataformas afines, que funcionan como nodos de legitimación y expansión del discurso oficial. En Facebook, cuentas como Cultura Matancera (106 menciones), La Jiribilla (60), Artex Cuba (48) y Canal Caribe (47) impulsaron contenidos vinculados a #CubaEsCultura, mientras plataformas como teleSUR, AJ+ Español y Alma Plus TV reforzaron la narrativa del convoy.
Aunque el régimen desplegó una contraofensiva comunicacional articulada, centrada en la “solidaridad internacional”, el incremento masivo de esta narrativa no logró silenciar ni desplazar la denuncia ciudadana.
Entre el 18 y el 21 de marzo, en pleno auge de la actividad propagandística, la protesta se mantuvo constante, oscilando entre 356 y 473 menciones diarias. Incluso el 21 de marzo, cuando la maquinaria estatal alcanzó su punto más alto con 1.281 menciones, el reclamo ciudadano no desapareció.
Lo que esa “solidaridad internacional” hacia Cuba no cuenta
Mientras el régimen y sus aliados proyectan una imagen de normalidad, solidaridad y “resistencia”, la conversación ciudadana evidencia una crisis profunda. El colapso energético es uno de sus rostros más visibles: mientras integrantes del convoy se hospedaban en hoteles con electricidad garantizada, aire acondicionado e internet estable; en las calles se reportaban apagones de más de 20 horas, hospitales a oscuras y ciudadanos obligados a cocinar con leña.
La brecha también se refleja en el uso de recursos del Estado: el convoy despliega logística y transporte gubernamental y los ciudadanos denuncian la falta de combustible para servicios básicos. Incluso se documentaron enfermos trasladados en sillas de ruedas ante la ausencia de ambulancias, así como críticas al uso de recursos en actividades propagandísticas mientras el país permanece paralizado.
En el plano discursivo, la narrativa oficial de “dignidad” choca con evidencias de represión y precariedad. En el último reporte de Cubalex se documentan al menos 55 detenciones, incluyendo la del adolescente Jonathan Muir en Morón por participar en protestas. demostrando los mecanismos de control y castigo del régimen frente al descontento social.
Los recientes anuncios sobre la posible liberación de más de 2.000 presos también se enmarcan en el escenario propagandístico del régimen, que presenta esta decisión como un gesto político en medio de la crisis y las tensiones con Estados Unidos. Sin embargo, Cubalex advierte que los beneficiarios de las excarcelaciones han sido, en su mayoría, personas condenadas por delitos comunes que ya se encontraban próximas a cumplir medidas de libertad condicional.
A todo esto se le suman también denuncias sobre el deterioro sanitario, basureros desbordados y crecientes riesgos epidemiológicos, que refuerzan la percepción de colapso estructural.
Incluso la ayuda humanitaria se ha convertido en un punto de fricción, iniciativas como el llamado “Granma 2.0” se presentan como gestos solidarios, pero múltiples denuncias cuestionan el destino de las donaciones y varios reportes muestran su venta en tiendas en divisas y denuncian restricciones a exiliados para entregar ayuda directa a sus familias; evidenciando un control centralizado y politizado de los insumos.
En este contexto, el Convoy Nuestra América operó como un dispositivo simbólico clave dentro de una estructura más amplia de articulación política y mediática de alcance global, orientada a posicionar el eje de “solidaridad internacional” ante las acciones de EE.UU. como principal narrativa del régimen, gracias a miles de menciones desde cuentas del Estado, etiquetas en múltiples idiomas y una red de voceros alineados con los intereses del régimen.
Sin embargo, más allá de estos picos de visibilidad, la realidad que persiste es otra. A pesar de la narrativa de propaganda alrededor de estos gestos, se siguen ignorando las denuncias sostenidas de ciudadanos, periodistas y medios independientes sobre años de corrupción, desfalco y mala gestión interna. En la isla, lo que permanece no es la puesta en escena, sino la escasez, los apagones, la protesta y la represión como respuesta.
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